El artículo de MSNBC titulado Early adopters driving Web 2.0 explosion me ha llevado a reflexionar sobre el papel de los innovadores y los early-adopters en los procesos de influencia para la difusión y adopción de nuevas tecnologías. El proceso de adopción de nuevas tecnologías clásico fue descrito inicialmente por Everett Rogers en su libro Diffusion of Innovations y completado posteriormente por Geoffrey A. Moore en Crossing the Chasm.

Para ver un breve resumen de ambas os recomiendo un par de lecturas: en Wikipedia puedes encontrar una definición de ambas teorías en Technology adoption lifecycle y en Crossing the Chasm, y me han resultado especialmente interesantes este post de Write/read Web sobre el libro de Moore y este resumen de la investigación en la que se soporta la teoría inicial de Rogers aplicada a la innovación en la granjas estadounidenses.

Este gráfico (tomado de la web de Infrae) muestra las características básicas del modelo propuesto y los roles de cada uno de los segmentos identificados en el proceso:

Adopción de nuevas tecnologías

Según mantiene el periodista de MSNBC Michael Rogers son los early adopters los que están liderando el progreso de las aplicaciones dentro de la esfera Web 2.0, sin embargo quizá este no sea el target de consumidor más adecuado para los anunciantes. Y quizá tenga razón. Los innovadores y los early-adopters tienen entre sus características primordiales la más absoluta ausencia de pereza a la hora de adoptar una nueva tecnología, aunque esto tenga como consecuencia también ni el más mínimo dolor de corazón para abandonar la anterior.

Esto es quizá parte de lo que le haya podido ocurrir a redes sociales como Friendster ante el fenómeno de MySpace y lo que a este último le pueda estar ocurriendo (aunque no con la misma fuerza, ni de manera igual en todos los países) ante el empuje de Facebook.

En el caso de que una tecnología haya llegado a alcanzar a la Late Majority las probabilidades de permanencia de la innovación serán altas ya que si tomamos el modelo de Rogers esto supondría haber llegado a más del 80% de los consumidores, de los cuales sólo 16% son ávidos switchers (innovators+early adopters).

En el artículo de MSNBC se destacan algunas características muy interesantes de este último grupo:

  1. Parece ser un grupo dispuesto a adoptar una nueva propuesta a pesar de los fallos, bugs y demás problemas que pueda tener una versión de software lanzada en fase de desarrollo.
  2. No tienen inconveniente en gastar en un nuevo dispositivo más dinero de lo que luego costará en el mercado una vez lanzado masivamente (por ejemplo todos los que hemos comprado un iPhone fuera de España y lo hemos liberado para su uso en nuestro país antes de disponer de la subvención del operador que presumiblemente llegará en unos meses).
  3. Tienen más tiempo libre que la mayoría de nosotros. En el ejemplo de Rogers la adopción de Second Life (que sufrí en mis propias carnes) exige de un tiempo de dedicación muy alto además de tener un gran interés por salvar los múltiples inconvenientes que surgen en el camino.

Lo que quizá no ve el autor es el papel tan importante que estos dos segmentos tienes en la difusión del conocimiento como clave para el conocimiento y adopción de dichas tecnologías. Los nuevos influenciadores online coincidirían plenamente con esas características pero además sumaría otras igualmente interesantes, sobre todo para los marketinianos:

  1. Amplio conocimiento y experiencia en Internet y, por lo tanto, de sus entresijos y procesos: por ejemplo del funcionamiento de la mecánica de optimización del contenido para obtener la mejor posición orgánica de sus blogs.
  2. Son los más dispuestos a compartir ese conocimiento (los Mavens de Gladwell) con los demás de manera altruista con quizá el único incentivo del reconocimiento a su labor. De esta manera son los que participan activamente en la Wikipedia actualizando y enriqueciendo su contenido.
  3. Poseen canales prácticamente gratuitos y accesibles a cualquier internauta gracias a las herramientas de blogging.
  4. Por todo ello tienen la capacidad de convertirse en prescriptores naturales de sus audiencias, cada vez más amplias, que valoran extremadamente la independencia (que no objetividad) de su opinión basada en su propia experiencia y amplio conocimiento.