Releyendo un artículo del Wired de Febrero How Email Brings You Closer to the Guy in the Next Cubicle de Tim Harford. El caso es que Harford habla en su artículo sobre como la predicción de que la tecnología, en especial relacionada con las comunicaciones, iba a tener como consecuencia la deslocalización de los trabajadores de los grandes centros urbanos (teletrabajo) gracias a la facilidad de estar siempre conectados, ha resultado, una vez más, completamente errónea. No sólo no hemos huido de las ciudades sino que la concentración en torno a éstas es cada vez mayor y el abandono de las zonas rurales por parte de los más jóvenes parece imparable.
Una derivada interesante de esta “ley” es la que se da en las relaciones dentro de las redes sociales. Tenemos una cierta tendencia a pensar que el entorno de las redes sociales se basa en relaciones que surgen en el entorno virtual y que posteriormente pueden extenderse al mundo real o no. Pero lo cierto es que la mayor parte de las relaciones que se establecen en las redes sociales tienen lugar entre personas que previamente mantenían algún tipo de relación en el mundo real, es decir, su relación en el entorno virtual es una extensión de su relación cotidiana.

Si tomamos como referencia los datos del estudio publicado por MySpace.com con el título de Never Ending Friending de abril del año pasado, el 69% de los encuestados interactúan con sus amigos habituales, un 46% amigos con los que han perdido contacto, un 41% con miembros de su familia mientras que sólo un 27% con gente que se ha conocido en el mundo virtual. De este modo se ve como no alcanza una tercera parte la gente que establece sus relaciones con gente que han conocido de nuevas a través de este tipo de entorno social mientras que una mayoría utiliza las redes para continuar en contacto y quizá conocer algo más, algo de eso que los propios usuarios declaran sentirse menos cohibidos a aflorar en estos entornos.