La cuestión de la confianza y los sistemas de reputación siempre me ha resultado un tema atractivo. En el fondo ambos son principios que subyacen en la evolución de Internet, desde el sistema del PageRank de Google hasta los sistemas de valoración de Amazon pasando por la base del social graph de una red social como Facebook.

La necesidad de establecer sistemas para definir niveles de confianza ha ido incrementándose con el paso del tiempo. En sus orígenes Internet estaba compuesta por una relativamente pequeña comunidad de individuos que compartían fines más o menos comunes y donde la confianza era moneda habitual. Es la llegada del “vil metal” cuando los intereses comerciales prevalecen en muchos casos sobre esos ideales.

Podemos definir la confianza como un estado de opinión en relación a algo o alguien y que generalmente se basa en un compendio entre la información (privada o pública) de que dispones y tus experiencias previas. Generalmente está confianza se desarrolla en un determinado marco, es decir, la confianza puede estar restringida a un ámbito de actuación pero no extenderse a cualquier otro (yo confío en tu criterio para una decisión de compra de tecnología sin embargo jamás confiaría en ti para un a decisión de compra de música).

Por lo tanto existirían diferentes niveles de confianza que, al menos en parte, servirían diferentes objetivos en función del tipo de decisión que tengamos que tomar. Es evidente que no es lo mismo la confianza necesaria en una persona a la que por determinadas circunstancias tenga que confiarle el bienestar de mis hijas que la confianza que tengo que tener en ti para que te preste un libro.

Pero además de la información disponible y de mis pasadas experiencias existen otro tipo de consideraciones que entran a formar parte de mi noción de confianza. Por ejemplo mis sentimientos hacia un amigo pueden condicionar mi confianza hacia él incluso aunque parte de la información de que disponga sea contraproducente a poner en él dicha confianza.

Del concepto de confianza se deriva el de reputación. La diferencia principal entre ambos es que la confianza es algo que generalmente se establece entre dos partes (confío en ti) y la reputación es el resultado de la valoración de un conjunto de personas (es un experto). Generalmente la diferencia entre ambas se clarifica con la siguiente formulación:

a. Confío en ti por tu buena reputación (el peso recae en la reputación)
b. Confío en ti a pesar de tu reputación (peso en la noción de confianza)

La b muestra como en base a mi experiencia personal o a la información privada de que dispongo estoy dispuesto a confiar en ti a pesar de que te puede preceder una reputación que, sin otro tipo de información, derivaría en una más que posible falta de confianza.

La confianza es un valor que además se puede traspasar en forma de referencia, es decir, si yo confío en Jorge porque es mi amigo y tu eres mi amigo y yo te recomiendo a Jorge es muy posible que confiases fácilmente en él también. Esto es una práctica común en las redes sociales para “ayudarte” a descubrir gente que posiblemente conozcas.

Ambos valores, confianza y reputación, son la base de muchos de los sistemas utilizados en el mundo 2.0 para valorar aspectos tan diferentes como la popularidad de un articulo (Digg, Meneame, Slashdot…) o la fiabilidad de un comprador (eBay).

El valor de una y de otra son completamente diferentes, por ejemplo, una valoración de un amigo mío (este tipo es un cretino) estará normalmente por encima de la reputación creada dentro de una determinada comunidad (este tío es un gurú) aunque en muchas ocasiones son perfectamente complementarios.

Generalmente los modelos de reputación online siguen o bien un modelo de control centralizado (eBay articula las opiniones sobre los compradores y los vendedores en su plataforma como base de un sistema de reputación destinado a premiar a los agentes con mejores experiencias y a castigar aquellos problemáticos en aras de mejorar la experiencia de sus usuarios) o un sistema distribuido (en las redes P2P los propios usuarios tienen mecanismos para defenderse de los miembros malintencionados y reducir así los riegos derivados de malwares, spywares, troyanos y otros indeseables)

El conflicto entre los intereses particulares (los del vil metal) y los de las comunidades (los del ideal común) hacen que la guerra para la defensa de los intereses de la comunidad sea un frente abierto. Google, por ejemplo, cambia su algoritmo (PageRank) continuamente para poder ofrecer los resultados basados en su relevancia para la búsqueda intentando mantener lejos las “malas prácticas” de determinados SEOs interesados en usar su conocimiento avanzado del funcionamiento de Google al servicio de sus intereses comerciales.

Slashdot, desde otro enfoque completamente distinto, afronta este reto con una organización jerárquica donde existen tres estamentos: Los controladores (moderan a los moderadores), los moderadores (moderan a los usuarios) y los usuarios que remiten y valoran los artículos enviados por otros usuarios. De esta manera Slashdot confía en sus miembros para reducir el ruido y conservar la máxima calidad del contenido y del sistema de valoración en el que se basa la definición de lo que se destaca en sus secciones. Sin embargo, aunque confía en sus miembros establece niveles de confianza diferentes basados en el compromiso con la comunidad, la experiencia previa y los mecanismos adecuados para premiar/incentivas las buenas prácticas y castigar las malas.

Parece que las bondades (y la belleza) de los sistemas basados en la sabiduría de las multitudes no están exentos de amenazas, tan pronto como una determinada plataforma demuestra su capacidad de influencia hay un montón de individuos dispuestos a estudiar su funcionamiento para poner a su beneficio la confianza de la comunidad.